Los gatos vigilan el Hermitage

Los gatos vigilan el Hermitage
El museo del Hermitage de San Petersburgo, la pinacoteca más grande del mundo, puso hace tiempo en funcionamiento la manera más tradicional de preservar su magnífico patrimonio del ataque de los roedores. Una ‘patrulla’ constituida por 65 gatos es la encargada de poner a raya a los intrusos. Tres personas se dedican a tiempo completo a atender y alimentar a esos felinos, silenciosos, discretos y muy, muy gordos.
Irina Popovets -con gorrito y bata blanca- se encarga de cuidarlos. Les dedica seis horas todos los días y si precisan asistencia veterinaria, no se aleja de ellos ni medio metro. Su función es mantenerlos en plena forma. «La sola presencia de los gatos basta para ahuyentar a ratas y ratones», afirma Popovets. Según sus palabras, «a veces tenemos que poner dinero de nuestros bolsillos para cubrir los pequeños gastos que acarrean, pero lo hacemos con mucho gusto». También existe un fondo benéfico -sustentado por la asociación ‘Amigos de los felinos del Hermitage’- que aporta donativos. Para fomentar la generosidad de los donantes, de vez en cuando se organizan exposiciones temáticas dedicadas a las pinturas en las que aparecen gatos y otros animales domésticos retratados.
Y es que todos los años la dirección del museo rinde homenaje a las adorables y bigotudas criaturas que habitan los sótanos del inmenso Palacio de Invierno. El director del Hermitage, Mijaíl Piotrovski, señala que «los gatos se han convertido en una parte muy importante de la vida del museo y en una de sus leyendas más significativas».
Piotrovski contaba en una ocasión que «el zar Pedro I el Grande trajo al palacio un gato que le regalaron en Holanda». Aquello fue a comienzos del siglo XVIII y, según el director del Hermitage, «fue entonces cuando comenzó nuestra historia de amistad con estos animales».
La emperatriz Catalina II, creadora del museo en 1764, dio orden de seleccionar a los mejores gatos cazadores de ratones. La soberana fue quien, por primera vez, otorgó a los felinos el estatus de «custodios» de las riquezas allí atesoradas. Lo cierto es que los rusos son en general amantes de los animales y de los gatos en particular.
El Hermitage acumula en sus fondos unos tres millones de piezas pertenecientes a distintas épocas, civilizaciones y culturas. Solamente un 3% de todas esas obras están a la vista del público, pero los gatos cuidan de esas y, sobre todo, de las que están guardadas en los almacenes. Se procura evitar que salgan a la calle y contacten con otros animales, pero no siempre se consigue. El tamaño que tienen hace difícil crear obstáculos que limiten sus movimientos. Por eso, en ocasiones, algún gato vagabundo suele unirse a la cuadrilla.